Viernes para el olvido

El Viernes Santo era una fecha en la que su religioso significado servía de irrefutable pretexto para que las televisoras de señal abierta emitieran películas clásicas que recurrían de manera alguna a la figura histórica del Cristianismo para desarrollar a partir de ella, la trama que envolvía este tipo de súper producciones.

Sin duda la figura más representativa era la de Charlton Heston: Ben Hur, El Cid, Los Diez Mandamientos; películas (de las que recuerdo) pude disfrutar gracias a la coyuntura de la Semana Santa.

Año tras año, por estas similares fechas, volver a ver estas películas no hastiaba, al contrario remarcaban la idea de que los efectos especiales algunas veces entorpecen el desarrollo de la misma en detrimento del débil y desdichado argumento, confirmando que las películas de antaño era más consistentes (o al menos ese eso es lo que creo).

Con estas ideas rondando mi atribulada cabeza y acosado por la recuperación de un malestar que me tuvo en cama, decidí rememora mis infantiles días disfrutando de esta maravillosa maratón de películas clásicas dejando de lado el implacable sistema de cable.

Un rápido zapping por los diferentes canales por las usuales horas en las que se transmitían esas películas no hicieron más que confirmar que esa maravillosa programación era igual que mis recuerdos. Distantes y lejanas.

Al contrario, una serie de producciones de bajo presupuesto en la que los rápidos efectos de una computadora servían de soporte a la temática religiosa se emitían sin prejuicio alguno. Confirmando lo que no creía posible: el público peruano cada vez consume televisión basura.

No me quedó más que volver al sistema de cable, confirmando que los tiempos hace mucho que están cambiando.

Una lástima para las nuevas generaciones que no podrán disfrutar fácilmente de estas realizaciones, aniquilando cinéfilos potenciales, condenándolos de antemano a una programación pletórica de realities y escandaletes de personajes sin pena ni gloria que hacen oblicuos méritos por aferrarse a sus “cinco minutos de fama” como alguna vez predijera Warhol.

Una lástima.

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W


Oliver Stone es un director controversial, sus películas son trabajos muy bien logrados (me deslumbró su JFK, mención aparte son sus obras maestras: Pelotón y Wall Street).

Sus personajes son encarnados por una pléyade de reconocidos actores que pese a su brillo no decepcionan, al contrario la frase “dos soles no pueden brillar en un mismo cielo” no funciona para los trabajos de este 3 veces ganador del óscar.

Esa conjunción le da una solidez a sus obras, funcionando como un perfecto engranaje que saca adelante la producción, cosa distante en trabajos similares que fracasan por la cantidad de caras conocidas.

Luego de ver W (la vida de George W. Bush), me siento no muy complacido, en parte quizá a que no se puede ser controversial con un personaje que pasará a la historia como el peor presidente de la historia norteamericana (a menos claro está, que alguien logre superar ese triste calificativo en los venideros días).

Es hartamente conocida las decisiones que tuvo que tomar y que fueron acciones que contribuyeron con su mala fama. La invasión a Irak, justificado con los ataques del 11 de setiembre, llevaron a la concepción de un presidente que pareciera gobernar influenciado por consejeros que vieron grandes interese económicos en las toma de delicadas decisiones (¿encontraron armas de destrucción masiva en Irak?).

A lo mejor quizá por la premura de presentar un trabajo de un personaje “fresco”, por lo que las referencias históricas (llámese documentos) no son muy accesibles por lo novedoso del tema. Diametralmente opuesta por ejemplo a JFK, en el que el paso del tiempo enriqueció como una laberíntica historia, campo ideal para la controversial y cómo se dice “sacar roncha” con su estreno.

W, estrenada en los postreros días de la presidencia de Bush el joven, es un repaso por la vida de un hijo de un ex presidente, atormentado por la figura y legado paterno. Podemos ver sus disipados días, y cómo es que logra superar su adicción por la bebida. No queda de lado su idea mesiánica que tanto se criticó.

Lejos de ser controversial es el retrato ecuánime de un ser humano, vulgar en su comportamiento, enfrentando a demonios personales; afrontando la amenaza terrorista que supuso el 9/11 y que le obligó a tomar poderes más allá de los permitidos.

Claramente no es el mejor trabajo de Stone, sin embargo funciona para entender al ser humano antes de la figura histórica.

Noten la camaleónica transformación de Thandie Newton cómo Condoleezza Rice. Gestos bastantes verosímiles.

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Aléjate de mi césped!!

Clint Eastwood es ya un maestro consagrado en el mundo del celuloide. Su evolución es notoria, considerando sus excelentes recientes películas, mezclas sutiles de una crítica sincera y necesaria al sistema norteamericano.

Sin atisbos de exageración puedo afirmar que sus producciones saben comunicar los sentimientos de personajes tan disímiles que frecuentan sus continuos trabajos con una armoniosa combinación de humor inteligente y dramatismo necesario pero jamás exagerado.

Gran Torino, película que acabo de disfrutar, pues otro adjetivo no es posible, nos recuerdo a un personaje antiguo y entrañable: Harry el sucio; sin embargo no resucita al añejo personaje excepto quizá en tonalidades de personalidad que es imposible no desligarlas fácilmente. Pero esa similitud queda ahí.

Walt Kowalski, es un ex combatiente de la guerra de Corea, jubilado y recientemente viudo, racista en extremo y para comprobar que nadie es perfecto, cascarrabias a no más poder.

Será un fustrado intento de robo de su preciado Torino el punto de partida para relacionarse con los “amarillos” que han invadido su apacible vecindario y que irónicamente le llevará a dejar de lado antiguos prejuicios para dar rienda suelta a un personaje que pese seguir expresando lo que piensa, no pierde sus convicciones e ideales en un mundo cambiante y que a veces le resulta extraño.

Kowalski deberá hacer frente a la delincuencia que ronda su pintoresco vecindario, aunque para ello deba de valerse de acciones poco ortodoxas pero bastante peculiares.

Precisamente estas acciones van contra toda lógica del espectador permitiendo un giro interesante llegado el momento más emotivo e importante de la película, que le brinda un toque único de sabiduría y madurez que pocos directores han logrado enmarcar tan espléndidamente en sus producciones.

Eastwood no sólo es un magnífico director sino también un excelente actor, eso se comprueba a lo largo de la película. El elenco, pese a ser en su mayoría, por no decir en su totalidad, desconocido cumple a cabalidad su cometido.

Una vez más Eastwood gratamente sorprende, no podíamos esperar algo menos de él.

Pese a propios rumores que amenazan con un retiro de la actuación, esperemos que sólo sean eso. Y por supuesto, aguardamos más gratas sorpresas de este notable director y actor.

PD: Noten la canción al final de la película, marco perfecto para los créditos finales.

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En una galaxia muy lejana

“The clones wars” sitúa la serie entre Episodio II y Episodio III, (unos tres años aproximadamente) narrando los sucesos del enfrentamiento entre los separatistas y la República. Como es hartamente conocido el conde Dooku desafía abiertamente la autoridad del canciller Palpatine.

Esta serie animada en formato 3D nos trae nuevamente a queridos personajes (Yoda, Obi wan, Anakin, Padmé, RD2, C3PO) así como a nuevos sistemas y personajes del vasto universo creado por George Lucas, que hace mucho encontró la manera de explotarla sin atisbos de hastío. De manera alguna expande la mitología de Star Wars con interesantes aventuras.

Para los que están familiarizados y disfrutan aún estos días con las películas, la serie no tiene pierde. Al contrario, desarrolla a los clones como seres ajenos a un comportamiento robótico y mas bien como seres de carne y hueso con sentimiento y toma de decisiones hasta donde les está permitido. Sin embargo los droides a veces suelen ser repetitivos y aunque la lógica nos diga lo contrario con ligeros toques de humor en su personalidad programable que a veces raya en la ridiculez (hecho que origina que el general Grievous destruya más de uno en los variados episodios).

Su punto fuerte sin duda, son los duelos en las colosales naves, atravesando el sideral universo a velocidad envidiable para aún nuestra limitada tecnología. Las naves de combate enfrentándose en un breve espectáculo de explosiones y rayos destructores por doquier son ya un sello característico.

Lo malo sin duda, la repetición descarada de escenas extraídas de las películas que forman las dos trilogías, pues como alguna vez escribí en un olvidado post “copiar no es delito, repetirse si lo es”. Quitándole encanto y refinamiento a la serie, que bien puede buscar nueva formas de expresión visual pues hace mucho demostraron que la tecnología digital no es impedimento para desarrollar una fascinante historia.

Si la memoria no me traiciona Cartoon Network la viene trasmitiendo los viernes cuando el atardecer se aúna al ocaso. Con un capítulo de estreno y otro de repetición de la semana anterior.

Si eres un fan de Star Wars definitivamente esta serie te va a encantar; por supuesto dejemos los prejuicios de que éstas son dirigidas al público infantil y sin bochorno alguno disfrutémosla tranquilamente.

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