¿Eres tú el visitante 1000?


Aunque parezca increíble (aún no me la creo) llegamos a las mil visitas. Por supuesto los resultados del contador son discutibles, sin embargo creíbles. Por ello este post es una rememoración de cómo, sin pensarlo, terminamos en un rinconcito de la red.

Aunque la cantidad es ínfima en comparación con otros blogs, sorprende la asiduidad de algunos fieles lectores que quedan registrados en el ClustrMaps.

Mucho de la creación de este humilde blog (que todavía anda en pañales) se lo debo a mi muy estimado amigo Eduardo. Si hay algún responsable de que esté perpetrando barbaridades en la red es precisamente ese exiliado amigo. El diseño del blog es enteramente de su autoría. Así que inexcusablemente, cómplice es.

¿Y cómo terminamos en la web? Pues de forma sencilla: hace muchas lunas solía escribir e-mails a una igualmente exiliada amiga. Similar a los comentarios del blog, sus respuestas eran escasas. Imagino por lo ocupada que pudiera estar. Claro que eso no fue impedimento para seguir haciéndolo, con la ciega esperanza de que los mails eran examinados.

Por cuestiones que ahora no vienen al caso dejé de perpetrar mails y lógicamente alguien debió dejar de recibirlos. Sin embargo las ganas de escribir persistieron muy dentro de mí; constantemente añoraba volver a redactar temas de interés.

Con el descubrimiento del Hi5 y su sección “diario” empecé a imaginar que nuevamente tenía esa opción de volver a escribir. Así que renové mis vanos intentos pseudos literarios. E imagine que alguien nuevamente los volvía a leer.

Los pocos visitantes de mi Hi5, eso lo supongo, encontraron casi nulas fotos y sí algunas mínimas entradas en el diario. Una de esas visitas fue Eduardo, amigo de antaño, quien tuvo el valor de leer esas entradas.

Coincidiríamos cierta fecha de junio en el Chat y propuso que escribiera en un blog, para ser sinceros la idea no me entusiasmaba, con la promesa de que él se encargaría del diseño y todos esos menesteres, acepté. Y sin duda fue su empeño el que hizo que tuviera continuidad en el blog. Así que un agradecimiento a ese viejo amigo, por la molestia y por el reniego (intuyo que en el futuro podrá ser un buen editor).

Por supuesto también las gracias a esas mil visitas, visitas que nos animan a seguir en la web, en tanto nos sea posible. Visitas que invierten tiempo valioso en prestarnos atención.

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Fatales días

Escuchar la música de Morrisey siempre me ha servido como paliativo para esos días en que la melancolía me aprisiona y me embriaga. Días en los que la redención no es posible y de alguna manera el fatalismo, ese fatalismo que todavía no puede ser encadenado, nos engulle en sus fauces oscuras.

Conocí a este estupendo cantante como integrante de The Smiths, uno de mis tantos grupos favoritos y que bien merece un próximo post. Morrisey ya alejado de su grupo tuvo una carrera solista bastante exitosa. Y es que sus canciones expresan ese pesimismo que tantas veces justifica, de manera alguna, comportamientos que el común de los mortales lo vería como cosa extraña.

Oir “Every Day is Like a Sunday” refleja como lo cotidiano puede devenir en deseo vehemente de que todo termine, pero termine ya, de manera radical que a más de uno puede parecer escandaloso y pesimista (Armageddon - come Armageddon! Come, Armageddon! Come!). Su video me pareció excesivamente bueno, en especial por la nena que emerge por ahí.

“Suedehead” que siempre suelo asociar a esos recuerdos recurrentes que no consigo dejar atrás:

Why do you come here
When you know it makes
Things hard for me

Ambas canciones pertenecientes al álbum Viva Hate.

A lo mejor un fatal lector encadenado, puede seguir esta receta muy personal, que me sirve de maravilla. Ahí abajo cuelgo esas dos fabulosas canciones.






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Un brazo con vida propia


Para las personas que ignoramos la tensión que conllevó vivir la guerra fría, allá por la década de los 50’s y 60’s, Dr Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb es una manera de entender lo caótico y desproporcionado que fue la pugna de dos ideologías radicalmente opuestas entre sí.

Claramente esta película es un sarcasmo a la realidad imperante por esos días, aunque su trama no deja de reflejar la pavorosa realidad que sumergía al mundo por ese entonces.

Su director, Stanley Kubrik, es uno de esos directores que pese a contar con el apoyo de los grandes estudios siempre tuvo esa libertad creativa que le permitió expresar su punto de vista sin ningún tipo de parámetro inquisidor. El paso de los años hizo apreciar que las películas de este realizador adquirirían pinceladas de obras maestras. Nombrarlas sólo confirmaría lo ya anunciado y por lo tanto, nada novedoso (a estas alturas quien no vió alguna de esas fabulosas películas que ya tienen el cintillo de clásicas: Espartaco, 2001: A Space Odyssey., Lolita, Full Metal Jacket, A clockwork Orange, entre tantas otras).

La trama encaja para la coyuntura de la época en que se filmó (1964): Un general norteamericano, encargado de un grupo de bombarderos continentales, enloquece y cree ver una inexistente infiltración soviética; sin conocimiento del presidente lanza sus bombarderos hacia territorio ruso. A partir de ahí la situación se vuelve tensa: el presidente norteamericano no sólo tratará de convencer a su colega ruso de que el ataque es un error, así como sus denodados esfuerzos por evitar que se active el dispositivo del juicio final.

Sus actores, encabezado por Peter Sellers, quien interpretaría tres de los personajes de esta trama, incluyendo mi favorito, el nefasto Dr. Strangelove (cómo olvidar su leal y autónomo brazo nazi) actúan a la altura de las circunstancias.

Por supuesto las escenas tan memorables y difíciles de enumerar (la pelea en la sala de guerra una de ellas por ejemplo).

Cómo no mencionar, para terminar, que el nombre de la películas es considerada cómo una de las más largas que se hayan empleado en películas alguna.

Obviamente disfrutarla hace pasar el mal sabor de los últimos bodrios a los que nos tiene acostumbrado Hollywood, que en vez de pensar con el cerebro lo hace con el bolsillo.

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¿Word lento?

¿Inexplicablemente abrir un documento en Word se volvió desesperante espera injustificable?

Me funcionó:

1.Buscar la plantilla Normal.dot (buscar > archivos o carpetas > digitar normal.dot).

2.Identificar la carpeta contenedora (o abrirla) y eliminar todos los archivo .dot

Si con ester procedimiento el problema persiste a lo mejor estás infectado con un macro virus.

Esta modalidad de infección se aprovecha de los macros (comandos de instrucciones que sirven para automatizar procesos dentro de la hoja de cálculo), para propagarse.

Generalmente en Word, los macros son guardados en archivos denominados “plantillas» (usualmente con la extensión Normal.dot), así que durante la infección, los macro virus son capaces de convertir los documentos a plantillas y copiarse en ellos.

Para reconocer la infección sólo es necesario dar la opción guardar como, si lo guarda como plantilla, definitivamente has sido infectado con este virus.

Obviamente la mejor solución para eliminar estos macro virus es un buen antivirus. Y por supuesto tener mucho cuidado al abrir y actualizar macros en archivos desconocidos (principalmente los descargado de internet).


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