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ESCARABAJO EN LOS ANDES


Concebido en la Alemania de Hitler, el volkswagen fue creado como un vehículo de bajo costo pero innegablemente resistente. Por efectos de la Guerra en la que se veía envuelta no fue sino hasta la década de los 50’s en el que los primeros modelos irrumpieron en el mercado automotor. A finales de los 70’s se dejaron de producir en Europa por cuestiones de baja demanda cosa que no sucedió en Latinoamérica, que siguió produciéndolas hasta el 2003, año en la que dejó de engendrarlas.

El escarabajo como es conocido, es muy popular en nuestra patria y se ha ganado la bien ganada fama de automóvil “económico y rendidor”. En mi Huamanga natal es común verlos, se les conoce como “sapito” y sinceramente hasta hace muy poco para un profano como mi persona, era un automóvil poco valorado.

Por cuestiones de oferta y demanda los pasajes en los buses, se incrementaron de manera escandalosa; resignado parecía que me vería atrapado en las celebraciones de las fiestas patrias en la capital. Sin embargo por azares de la vida un tío muy cercano recientemente adquirió un escarabajo de segunda y se aprestaba a llevarla a Huamanga tan pronto como fuera posible. Luego de una breve charla aceptó mis maletas y me informó que al día siguiente partíamos a la ciudad añorada.

La madrugada aún no se asomaba cuando emprendimos la travesía, conducía el mecánico. En plena Panamericana corríamos a más de 100 km/h y el escarabajo no se quejaba, al contrario su motor parecía ir de manera ansiosa por la recta vía asfaltada. Un par y media de horas después arribábamos a Chincha y con nosotros un nuevo día. El escarabajo no se quejaba, por lo que luego de llenar el tanque en una de esas gasolineras, de las que abundan por la carretera emprendimos nuevamente el viaje. Pisco no tardó en mostrarnos sus desérticas tierras, así como también los estragos que hizo el reciente sismo que la azotó sin consideración alguna. Ya a las nueve de la mañana nos estacionábamos en Huaytará, luego de un buen desayuno el mecánico se despidió de nosotros y pasé inmediatamente a ocupar el asiento del copiloto, hecho que agradecí por que el paisaje se apreciaba esplendorosamente desde esa nueva ubicación. Iniciamos el ascenso de la cordillera ya en la Vía de los Libertadores y por fin el sol brillaba a plenitud. Nuestra velocidad se había reducido a unos 45 km/h debido en parte a sus ondulantes y dificultosos tramos. Los cerros se volvieron pronto en compañeros de viaje. El frío y la conversación no tardarían en rodearnos. La calidad de su equipo de sonido fue fenomenal (era un equipo sony). El escarabajo otra vez no decepcionaba.

Luego de viajar rodeando cordilleras, con mucha precaución en el ambiente a eso de las dos de la tarde por fin el paisaje se me hizo familiar y minutos después hacíamos ingreso a la capital hispanoamericana de la Independencia. Ya Huamanga nos mostraba sus tejados y el sol brillaba con una furia propia de la sierra. El almuerzo nos aguardaba y por motivo alguno pensaba no perderme ese acontecimiento cotidiano.

El escarabajo cumplió su trabajo, en ningún momento se portó mal, respondió a las expectativas y obviamente ganó un nuevo admirador. Ahora le esperan, eso aguro, días más tranquilos en las que su trabajo no será tan exigente como en la travesía que tuvimos.

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